López Maya: La diosificación de Chávez busca legitimar a Maduro

El Universal

Jan 16, 2013
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Fortalecer el liderazgo emergente del vicepresidente Nicolás Maduro es la prioridad del chavismo que se reacomoda para impulsar la figura de quien se perfila como el heredero de Hugo Chávez. De la mano del Estado se reviste al gran líder decimonónico de un aura mítico-religiosa que, tal cual ocurrió el 10 de enero, busca, opina la historiadora y analista Margarita López Maya, legitimar al ungido como nuevo jefe de la revolución bolivariana.

-¿Qué pasó el 10 de enero?

-Vimos el inicio de un proceso que busca dar legitimidad a un régimen político emergente que parece tener carácter cuasireligioso. El chavismo está poniendo empeño en una versión de la soberanía popular que está prácticamente anclada en creencias de tipo religioso. Buscan conceptualizar a la voluntad popular como una especie de divinidad en la que el presidente Chávez se convierte en el líder encarnado de la voluntad popular. Ese líder encarnado parece estar a punto de desaparecer y requiere un sucesor que es Nicolás Maduro. Todo el evento fue como una liturgia, se trata de legitimar al sucesor a través de esta simbología de tipo religioso.

-¿Por qué? ¿Sin eso no se aceptaría a Maduro?

-Quizás por eso están retrasando la ausencia temporal o absoluta del Presidente, tratan de desarrollar y de sedimentar una legitimidad religiosa alrededor de la figura de Chávez que fortalezca el liderazgo de Nicolás Maduro para presentarse a unas elecciones. La gran pregunta es qué tan penetrado está en la sociedad venezolana el liderazgo civil como algo religioso. La clase media no suele tener vínculos religiosos con la política, le hace mucho daño a la política esa conexión. Pero dentro de la cultura política nuestra tan paternalista, y que ha tenido un culto a Bolívar fomentado en el pasado desde el Estado, todavía pudiera calar eso en algunos sectores. Van a buscar gobernar en nombre de Chávez, van a buscar ser los sucesores del Chávez, eso podría funcionar un tiempo pero la sociedad es polarizada y así como Chávez ha despertado grandes amores, ha despertado grandes odios. Y estos líderes al final no son Chávez.

-¿Esa narrativa semireligiosa no la comenzó el propio presidente Chávez (y la izquierda venezolana y latinoamericana) desde el intento de golpe de 1992, el 13 de abril, y luego al construir una especie de mito sobre esos hechos?

-Uno de los grandes problemas del orden político en América Latina es la legitimidad para gobernar. La ruptura del lazo colonial nos dejó ese problema porque el monarca gobernaba las colonias por derecho divino y una vez que ese derecho se cortó, se planteó quién tenía derecho a gobernar a los demás. Los criollos dijeron que ellos pero eso no fue acatado y ahí vimos un siglo inestable de alternancias y revueltas. Así emergió el caudillo como para llenar lo que había dejado el rey. El caudillo tiene una legitimidad porque tiene unos atributos que obligaba a los propietarios a hacer alianzas, atributos como valentía, irreverencia y que venían de "abajo". Ya en el siglo XX se trata de resolver eso con la voluntad popular expresada en las urnas. Pero hay una cultura no tan racional y la legitimidad tiene un componente más afectivo. El Gobierno ha funcionado como caudillo decimonónico. El presidente Chávez ha tenido un liderazgo caudillesco que desde el principio ha tenido rasgos mesiánicos. Eso se ha visto desde 1998 y él tiene los atributos para ser un caudillo en Venezuela y América Latina.

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